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No os habéis fijado que los que corren en el estadio, todos corren, pero no recibe el premio más que uno? ¡Pues vosotros, corred de tal manera que lo obtengáis! Ahora bien: todos los atletas olímpicos practican la autodisciplina; y lo hacen para obtener una corona que se deshace rápidamente, mientras que nosotros tratamos de obtener una corona que es para siempre. Yo corro como el que sabe cual es su meta; peleo, no dando golpes de ciego, sino disciplinando mi cuerpo hasta tenerlo totalmente bajo mi dominio; no sea que, después de predicar a otros, yo no supere la prueba.
(1.Cor. 9:24-27)

Estas competencias se celebraban periódicamente en Grecia y en el mundo helenistico. El apóstol Pablo utiliza esta analogía para insistirle a los cristianos corintios, que no podían tomar la vida sin responsabilidad ni sobresaltos, sin preocupaciones ni angustias, sin afugias ni fatigas. Y les expresa que una persona seria, estructurada, madura, asentada, debe saber, debe estar consciente, debe estar informada, que nadie llega nunca a nada sin una seria autodisciplina.

El atleta, que quiera competir en cualquiera de las disciplinas, dice Pablo, tiene que ser sabedor de su responsabilidad, de enfrentar diaria e intensamente el duro entrenamiento si quiere ganar la competencia.

En la carrera, muchos eran los participantes en la línea de largada. Pero sólo uno alcanzaba la victoria. Sólo uno sería coronado. Sólo uno sería alzado en hombros. Sólo uno recibiría el premio. Desde luego, todos los competidores debían estar dispuestos a soportar las penalidades, el cansancio, la sed, el esfuerzo sobrehumano. Afrontar una severa preparación se hacía necesario, lo que aumentaría la posibilidad de conseguir el galardón deseado.

Nadie que quería ser vencedor, podía ser indiferente, indolente, apático, descuidado e indisciplinado. Contrario a esto, debía someterse a la autodisciplina, todo, por ganar una corona de laurel que quedaría reducida a polvo en poco tiempo.

El argumento del apóstol era: si la persona se cohibía, se sacrificaba, se imponía una severa autodisciplina para ganar un premio efímero, fugaz pasajero, perecedero, cuanto más debería disciplinarse un cristiano para ganar la corona de la vida eterna.

William James decía: "Si esta vida no fuera una auténtica pelea en la que se gana algo eterno para el universo cuando se tiene éxito, no es más importante que un simulacro del que uno se puede retirar cuando quiera. Pero parece una pelea- como si hubiera algo realmente salvaje en el universo que nosotros, con todos nuestros idealismos y lealtades, pudiéramos contribuir a remediar"

La vida es una contienda. Y para salir vencedores, tenemos que someter a disciplina nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma. Pablo, del que ya hemos hecho referencia, al participar de la carrera, era consciente que no había alcanzado nada todavía, y su decisión era "proseguir para ver si lograba alcanzar lo que se proponía, para ello tuvo que olvidarse de los kilómetros recorridos y dejándolos atrás, seguir hacia adelante avanzando hacia la meta, al premio en Cristo Jesús. ( ver Filip. 3:12-14).

"Prosiguiendo a la meta". Además de tener una meta, tenemos que conocerla. No hacerlo sería participar de una maratón que nos llevaría a ninguna parte. Hay en el mundo millones de personas que van a la deriva, caminan y caminan, corren y corren, avanzan y avanzan, sin dirigirse a ningún lugar.

Te recuerdo, que la meta es la vida, y no hay duda que vale la pena alcanzarla. Desde luego a lo largo del trayecto habrá incomodidad, cansancio, molestia, desaliento, desfallecimiento, y hasta la posibilidad de abandono. Por tal razón se hace necesario aceptar las palabras del Señor: "Pero el que persevere hasta el fin, ese será salvo" (Met. 24:13.)

El que persevere hasta cruzar la meta , el que perseveré hasta el final, el que perseveré hasta el fin recibirá el premio. Y contrario a las olimpiadas, aquí no habrá un sólo ganador, habrá una multitud imposible de contar, que tendrán las palmas de la victoria en sus manos. (Apoc. 7:9). No hay duda que nuestro mayor anhelo al participar de la gran maratón de la vida es cruzar muy pronto la meta y recibir la bienvenida de caminante vencedor. "Se fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida"(Apoc.2:10).
Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. (1.Cor.15:57)

Articulo Pastor Eliseo Bustamante / Una Ventana hacia la Reflexión
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