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Mirad cuán grande amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo somos!
(1.Juan 3:1)

Rosa María Roé en su fábula "La rosa blanca" nos cuenta que en un jardín de matorrales, entre hierbas y maleza, apareció como salida de la nada una rosa blanca. Era blanca como la nieve y sus pétalos parecían de terciopelo y el rocío de la mañana brillaba sobre sus hojas como cristales resplandecientes. Ella no podía verse, por eso no sabía lo bonita que era

Por ello pasó los pocos días que fue flor hasta que empezó a marchitarse sin saber que a su alrededor todos estaban pendientes de ella y de su perfección; su perfume, la suavidad de sus pétalos y su armonía. No se daba cuenta de que todo el que la veía tenía elogios hacia ella. Las malas hierbas que la envolvían estaban fascinadas con su belleza y vivían hechizadas por su aroma y elegancia.

Un día de mucho sol y calor, una muchacha paseaba por el jardín pensando cuantas cosas bonitas nos regala la naturaleza, cuando de pronto vio una rosa blanca en una parte olvidada del jardín, que empezaba a marchitarse. -Hace días que no llueve, pensó- si se queda aquí mañana ya estará mustia. La llevare a casa y la pondré en el lindo jarrón que me regalaron.

Y así lo hizo. Con todo su amor puso la rosa marchita en el agua, que contenía el precioso jarrón de cristal de colores, y lo acercó a la ventana. -La dejaré aquí, pensó -porque así le llegara la luz del sol. Lo que la joven no sabía era que su reflejo en la ventana mostraba a la rosa un retrato de ella misma que jamás había llegado a conocer.

Esta soy yo? Pensó. Poco a poco sus hojas inclinadas hacia el suelo se fueron enderezando y miraban de nuevo hacia el sol, y así, lentamente, fue recuperando su estilizada silueta. Cuando ya estuvo totalmente restablecida vio, mirándose hacia el cristal, que era una hermosa flor, y pensó: ¡¡Vaya!! No me había dado cuenta de quien era, como he podido estar tan ciega?

La rosa descubrió que había vivido sin explorarse así misma y sin apreciar su belleza, para saber quien era en realidad.
En psicología la "autoestima" se define como la forma en que nos valoramos. De ahí que la importancia de una autoestima saludable no puede ser ignorada.
Muchas personas afirman que tienen tantos problemas que no pueden salir adelante y lograr colocar sus vidas al nivel en el que desearían tenerlas. Tienden a engrandecer las dificultades, a convertirlas en sus verdugos y a disminuir y subestimar sus capacidades para resolverlas y avanzar creativamente.

La autoestima es la fuerza innata que impulsa al organismo hacia la vida, hacia la ejecución, hacia el desarrollo. Es la fuerza que posibilita la realización de los sueños, de los anhelos, de los ideales. Es la capacidad de experimentar la existencia, consientes de nuestro potencial y de nuestras necesidades reales, de nuestro valor como personas y de la auto confianza que debe acompañarnos para lograr nuestros objetivos, independientemente de las limitaciones que podamos tener o de las circunstancias externas generadas por distintos contextos en los que nos corresponda interactuar.

La autoestima sana, no es asumir la actitud de Mefi Boset, personaje bíblico, quien consideraba que un perro muerto era más importante que el o por lo menos igual a el, en un momento en que se le presentó la oportunidad de surgir. Este relato dice lo siguiente: Y Mefi Boset, ...vino ante David, se postró e hizo reverencia. Y David le dijo: "Mefi Boset". El respondió: "Aquí tienes a tu siervo". Y David agregó: :...Te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre, y tu comerás siempre a mi mesa". Y el se inclinó y dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?" (2. Samuel 9:6-8)

Que opinión tienes de ti mismo? Te acompaña el pensamiento de Mefi Boset quien se consideraba como "un perro muerto" o, el pensamiento del salmista registrado en el Salmo 8 quien se consideraba un hijo de Dios? ¿Que es el hombre- se pregunta- para que lo recuerdes, y el hijo del hombre para que lo cuides?" Y con una autoestima saludable el mismo se da la respuesta: "Lo hiciste un poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Lo hiciste señor de las obras de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies..." (Salmos 8:4-6)

Jesus, interesado en levantar nuestra autoestima, hizo el siguiente comentario: "¿Acaso no se venden dos pajaritos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. Pues aún vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajaritos" (Mateo 10:29-31)

Con tu autoestima debes proclamar que eres un hijo de Dios "creado a su imagen y semejanza" (Génesis 1:26) y que "no fuiste comprado con oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo"
(1.Pedro 1:18-19)
Entonces, cuanto vales?

Articulo Pastor Eliseo Bustamante / Una Ventana hacia la Reflexión
@PrBustamante
fb.com/Unaventanahacialareflexion