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Puede un hombre divorciarse de su esposa por cualquier razón? Jesús les respondió: "No recuerdan lo que dice la Biblia? En ella está escrito que, desde el principio, Dios hizo al hombre y a la mujer para que vivieran juntos...De esta manera, los que se casan ya no viven como dos personas separadas, sino como si fueran una sola. Por tanto, si Dios ha unido a un hombre y una mujer, nadie debe separarlos.
(Mateo 19:3-6 TLA)

Doy crédito a quien haya escrito el siguiente relato. Es una señal roja para tener en cuenta.
Esa noche no hablamos, y ella lloraba. Yo sabía que ella quería saber que estaba pasando con nuestro matrimonio, pero no pude contestarle. Yo, ya no amaba a mi esposa, pues había comprometido mi corazón con otra mujer. Con un gran sentido de culpabilidad, escribí un acuerdo de divorcio, en ese acuerdo ella se quedaba con la casa y otros bienes. Ella miró el acuerdo y lo rompió en pedazos.

Habían pasado diez años de nuestro matrimonio, ahora sólo le tenía lástima, yo había tomado la decisión de quedarme con Juana a quien amaba. Después del trabajo del día llegué a casa y encontré a mi esposa escribiendo, me escribía las condiciones del divorcio, y, entre las muchas cosas que había escrito, me pedía que por un mes tendríamos que vivir como si nada pasara, la razón, nuestro hijo tenía exámenes todo ese mes y no quería afectarlo con el matrimonio quebrantado. Una segunda petición que me hacia, era que por ese mes, todos los días la cargara desde el cuarto hasta la puerta de salida de la casa! Donde tomaba el autobús para su trabajo. También acepté hacerlo.

El primer día que la cargué, los dos nos sentimos mal, nuestro hijo caminaba detrás aplaudiéndonos y diciendo: papá carga a mamá en sus brazos. Sus palabras me trajeron mucho dolor. Mi esposa en voz baja me dijo: no le digas a nuestro hijo que estamos camino del divorcio.

El segundo día, al regreso a casa, la apoyé sobre mi pecho y pude sentir la fragancia de su blusa. Observé que ya no era tan joven, tenía algunas arrugas y una que otra cana. Era notable el daño de nuestro matrimonio. Me pregunté: qué fue lo que hiciste? Pensé, esta es la mujer que me ha dado diez años de su vida.

En el cuarto, quinto y sexto día seguía creciendo nuestra intimidad. Cada día se hacía más fácil cargarla y el mes se iba corriendo. La mañana del sexto día, se midió todos los vestidos buscando que ponerse y se dijo así misma, mis vestidos se han puesto grandes. Ahí me enteré de lo delgada que estaba. Entonces me di cuenta cuanta amargura y dolor había enterrado en su alma. Sin proponérmelo le toqué el cabello, y nuestro hijo que observaba me dijo: papá, llegó el momento de que cargues a mamá hasta la puerta. Cargarla en mis brazos, era volver a vivir el día de nuestra boda. La abracé y la sentí tan liviana y delgada que me invadió la tristeza.

Esa mañana, manejé para la oficina, pero antes llegué a la casa de Juana, me abrió la puerta, y le grite: discúlpeme, lo siento, no quiero divorciarme de mi esposa, mi esposa y yo nos amamos, llegó un momento que entramos en una rutina, no valoramos los detalles de nuestra vida hasta que empece a cargarla del cuarto a la puerta y entonces me di cuenta que debo cargarla por el resto de nuestras vidas, hasta la muerte. Juana empezó a llorar, me dio una bofetada y me tiró la puerta. Yo, bajé tan rápido como pude, subí al auto hasta la floristería y compré un ramo de flores para mi esposa.

Que le escribo en la tarjeta? Me pregunto la joven, escriba, te cargare todas las mañanas hasta que la muerte nos separe!!! Llegué a casa ilusionado con las flores y una sonrisa, subí las escaleras y cuando entre encontré a mi esposa muerta. Mientras ella batallaba con su enfermedad de cáncer, yo estaba muy ocupado atendiendo a Juana, de tal manera que no me di cuenta, o no quise darme cuenta y por eso me pidió un mes de aviso antes del divorcio. Quería que en los ojos de su hijo quedara la certidumbre que su padre era un esposo que amaba a su esposa.

Si ya tienes esposa, ya tienes lo mejor: ¡Dios te ha mostrado su amor! (Proverbios 18:22 TLA)

El apóstol Pablo exprésó: "El esposo debe amar a su esposa, así como ama a su propio cuerpo. El hombre que ama a su esposa, se ama así mismo" (Efesios 5: 28)

"En resumen, que cada uno de ustedes ame a su esposa como así mismo, y que la esposa sea respetuosa con su marido" (Efesios 5:33 BHTI)

Articulo Pastor Eliseo Bustamante / Una Ventana hacia la Reflexión
@PrBustamante
fb.com/Unaventanahacialareflexion