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Porque Juan el Bautista ayunaba, y ustedes decían que dentro de el había un demonio. Luego vine yo, el Hijo del hombre, que como y bebo, y ustedes dicen que soy un glotón y un borracho, que soy amigo de gente de mala fama y de los que no obedecen a Dios.
(Mateo 11:18-19 TLA)

Un padre acompañado de su hijo de corta edad y su burro, tenían que cruzar semanalmente la plaza principal de un pueblo para dirigirse a realizar unos trabajos a una aldea distante. Un buen día, el niño iba montado en el burro y el padre caminando por en medio de la plaza un tanto concurrida de gente quienes miraban con curiosidad la escena e inmediatamente comenzaron a criticar y a decir: será posible? ¡El niño, fuerte y robusto sobre el burro, y el pobre padre un tanto mayor y achacoso caminando! ¡Que poca vergüenza!

Habiendo llegado estos comentarios a oídos del padre, la siguiente semana, era él el que iba sobre el burro y el niño caminando, azuzando al animal. Los vecinos del pueblo al ver esto, arremetieron con sus críticas hacia el hombre: ¡que poca vergüenza! ¡El pobre niño caminando y él tan contento sobre el burro! ¡Que padre más despiadado!

Con el fin de no recibir tantas críticas, a la semana siguiente, pasan delante de los vecinos del pueblo, tanto el padre como el hijo montados en el burro; al ver esto, aquellos que estaban sentados en la plaza muestran abiertamente sus críticas: "¡como es posible, que tengan tan poca consideración por el animal! ¡los dos sentados tranquilamente y el pobre burro, derrengado, llevándolos sobre su lomo!"

Al pasar el tiempo, y tener que atravesar una vez más por el pueblo, y evitar de una vez por todas, todo tipo de críticas, el padre y el hijo van caminando, llevando al burro atado con una cuerda. Al ver esto, los vecinos del pueblo, no pueden dejar de exclamar: "¡Serán tontos!, para que quieren el burro, los dos caminando y el burro moviéndose a sus anchas; que poco cerebro tienen!"

Llenar, colmar, complacer y agradar a todo el mundo es una tarea titánica, extenuante y desafiante. Woody Allen expreso: "No conozco la clave del éxito, pero se que la clave del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo".

Tarea imposible de cumplir e innecesaria. Si eres una persona complaciente, que estas dejando pasivamente que otros se aprovechen de ti, probablemente no estés consiguiendo lo que quieres y te propones en la vida, desde luego por el camino correcto de la ética y la moral. Si es así, es hora de dejar de enfocarte en los demás y asumir de manera protagónica tu propio rol.

Basta, con recordarle a la gente que eres una persona con tus propias preferencias, tus propias opiniones, tus propios gustos. Haz algo por ti mismo sin tener el temor de que a alguien no le vaya a gustar. No te dejes atrapar en hacer las cosas a la manera de ellos simplemente porque nadie más quiere que lo hagas a tu manera.

Recuerda que debe haber actividades que realmente quieres hacer por ti mismo, independientemente de lo que piensen los demás, no a pesar de ello. Las opiniones de otras personas son un factor en nuestras vidas, pero no deben ser un factor determinante.

Desde luego, puedes escuchar a los demás, pero al fin y al cabo, lo que haces es tu elección. ¡Mantén un equilibrio! Pues tratar de complacer a la gente todo el tiempo te deja constantemente abierto a que se aprovechen de ti. Establece un vínculo comunicativo sin agredir a tu interlocutor, pero sin quedar sometido a su voluntad.

Permítete ser, permítete vivir, "permítete quedar libre para recibir los consejos de Dios. No comprometas tu futuro a nada que algún ser imperfecto te trace". (Testimonios para la Iglesia, T8, pag. 176)

Articulo Pastor Eliseo Bustamante / Una Ventana hacia la Reflexión
@PrBustamante
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