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Quien de vosotros, por más que se afane, podrá añadir un codo a su estatura? (Mateo 6:27)

Billy Rose, un columnista popular de antaño, escribió la siguiente historia con el propósito de ayudarnos a cambiar la forma en que percibimos el tiempo, las circunstancias, el mundo y mi lugar en el.

Había una vez un hombre-dice Rose- que, con su papá, cultivaba un pequeño terreno. Varias veces al año llenaban de vegetales la vieja carreta tirada por un buey e iban a la ciudad más cercana a vender sus productos. Excepto por su nombre y el pedazo de tierra, el padre y el hijo tenían poco en común. El viejo creía en tomar las cosas con calma. El muchacho generalmente andaba de prisa...era de la clase dinámica y ambiciosa.

Muy temprano una mañana, engancharon el buey y la carreta cargada y comenzaron el largo trayecto. El hijo pensó que si caminaban más rápido, que si continuaban todo el día y la noche, llegarían al mercado temprano en la mañana siguiente. Por eso siguió punzando al buey con un palo, apremiándolo a seguir avanzando. - Tómalo con calma, hijo - dijo el anciano - Durarás más tiempo.

Pero si llegamos al mercado antes que los demás, tendremos una mejor oportunidad de obtener mejores precios - argumentó el hijo.
No hubo respuesta. Impaciente e irritado, el joven siguió espoleando al buey para avanzar más rápido. Después de horas de viaje el padre se despertó y dijo: Estamos frente a la casa de tu tío. Detengámonos para saludarlo.
Pero hemos perdido mucho tiempo -se quejó el joven fanfarrón. Entonces unos minutos más no importarán -dijo el padre.

Terminada la visita, el hombre tomó su turno para guiar al buey. Al llegar a una bifurcación en el camino, el padre dirigió el buey hacia la derecha. El camino de la izquierda es más corto
-dijo el hijo. Lo se -respondió el anciano -, pero este camino es más seguro. No le tienes respeto al tiempo? Le pregunto el joven con impaciencia.

Ah! Lo respeto mucho! Por eso es que me gusta usarlo para ver la belleza y disfrutar cada momento al máximo.

Este es el último viaje que hago contigo -respondió bruscamente su hijo -. Estás más interesado en ver las puestas de sol y en oler las flores que en ganar dinero!

Antes del amanecer, el joven despertó al padre y continuaron el viaje. Poco después encontraron a otro agricultor que trataba de sacar su carreta del lodo. Ayudémoslo - dijo el anciano. Perder más tiempo?
-dijo el joven violentamente. Relájese hijo, tu mismo podrías estar en una situación similar algún día.

Si nos hubiéramos apresurado ya habríamos vendido todo -gruñó el hijo. Tómalo con calma, duraras más tiempo. Y disfrutarás la vida mucho más.

Llegada la tarde arribaron al cerro que daba a la ciudad. Se detuvieron observándola por mucho tiempo. Ninguno de los dos dijo una palabra. Finalmente el joven puso su mano en el hombre de su padre y dijo: ahora entiendo lo que quisiste decir, papá. Le dieron vuelta a su carreta y comenzaron a alejarse lentamente de lo que una vez fue la ciudad de Hiroshima.

Jesús, en el sermón de la montaña, le dijo a la gente que lo oía. "Quien de vosotros, por más que se afane, podrá añadir un codo a su estatura?" (Mateo 6:27)

Y en otra ocasión expreso: "Mirad por vosotros mismos, que vuestro corazón no se cargué de glotonería y embriaguez, y de los afanes de esta vida, y aquel día venga de repente sobre vosotros" (Lucas 21:34)

La palabra afán, viene del griego merimnao; significa estar ansioso acerca de, tener un cuidado que perturba, preocuparse.

La Biblia en repetidas ocasiones hace mención de lo nocivo que es la preocupación, pues esta tiene la función de robarte la capacidad de ver la realidad, ya que la preocupación es un sentimiento que maximiza el lado negativo de las circunstancias, es una serie de pensamientos e imágenes, pero todos negativos, estos casi nunca son controlables, pero se enfocan en algo que tiene un oscuro desenlace.

El preocupado esta convencido mas allá de la sombra de la duda, que el resultado será negativo. La palabra preocupación viene de una raíz anglosajona, que significa estrangular o ahogar. Cuando nos preocupamos, vemos el futuro oscuro, ya que la preocupación se enfoca en el futuro.

Que haces? Hacia dónde te diriges? Cual es tu destino? Cual es tu apuro? Cual es tu premura? Cual es tu urgencia? Cual es tu apremio?
Disminuye la velocidad. Aprende a esperar en Dios. Dedícate libremente a caminar con el en lugar de tomar decisiones y después esperar que él ratifique tus elecciones. Deja a Dios ser Dios. Deja que él quite tu ansiedad. Apoya todo en él. Ríndele a él el control de cada asunto.

Los más humildes y más pobres de los discípulos de Jesús pueden ser una bendición para otros. Tal vez no crean que están haciendo algún bien especial...Tal vez no les parezca que estén haciendo algo grande. No necesitan cargarse de ansiedad por el éxito. Basta que sigan adelante quedamente, haciendo fielmente la obra que la providencia de Dios les asigne, y no habrán vivido en vano.
(CC pag. 83)

Recuerda, que cada vez que te apresures o te adelantes, lo lamentarás después. Y si no te convence esta afirmación, pregúntale a Abraham, el padre de la fe, sobre los resultados de querer mejorar el plan de Dios para su vida. Estaba prometido Isaac, pero resolvió adelantársele a Dios y nació Ismael. (Vea Génesis 16:1-4)

Disminuye la velocidad, y camina deliberadamente en sintonía con las indicaciones del Señor.

Articulo Pastor Eliseo Bustamante / Una Ventana hacia la Reflexión


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