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El corazón en paz da vida al cuerpo... (Proverbios 14:30 pp)

Hoy les comparto una parábola escrita por María del Mar.

Érase una vez un despiadado caballero que durante toda su vida no había hecho otra cosa que sembrar la discordia, y causar dolor a cuantas personas habían osado cruzarse en su camino.

Un buen día, al levantarse, observó que le habían salido unas llagas purulentas y malolientes en la piel de todo su cuerpo. A medida que pasaban los días, las úlceras iban creciendo y creciendo. Asustado, decidió acudir al lago azul, famoso por curar todo tipo de enfermedades.

Agotado por el viaje, bajó de su caballo y se sentó en la orilla del lago. De pronto, emergió de las aguas una hermosísima ninfa que le preguntó: Poderoso caballero ¿qué has venido a buscar aquí?

El gentil hombre respondió: Hace tiempo que vengo sufriendo de terribles heridas que invaden todo mi cuerpo.

La ninfa le dijo: Báñate en el lago.

El hidalgo así lo hizo y, después de permanecer varios minutos en las frías aguas, salió, para comprobar que no había desaparecido ni una sola de sus llagas.
Mira! -exclamó enfadado-: No he sanado.

El hada sin perder la calma le dijo: Tus llagas son el fruto del odio que llevas en tu corazón. Tan sólo el bálsamo del perdón puede curarte.

El aristócrata, enfurecido, montó de nuevo sobre su caballo y con premura se alejó de allí.

Pasó el tiempo y, un atardecer de verano, el caballero regresó de nuevo hasta el lago. La ninfa se asombró al verlo, pues sus lesiones se habían multiplicado.

Ayúdame! Exclamó el hombre, me he convertido en un monstruo repugnante, y sufro de terribles dolores.

Las úlceras- contestó la ninfa - son el fruto del odio que anida en tu corazón. Tan sólo el bálsamo del perdón puede sanarte. El dolor que sufres, no es otra cosa que tu propio arrepentimiento.

El hidalgo, se alejó por un tiempo, pero un día regresó. Vengo a darte las gracias, hermosa dama. Puse en práctica tu sabio consejo, y fui a pedir perdón a todos y cada uno de los seres humanos a los que un día hice daño. Por cada persona que me perdonaba de corazón, desaparecía una de mis llagas. Así, hasta curarme del todo.

No tienes nada que agradecerme, lo has hecho todo tú solo. Yo tan sólo soy la voz de tu conciencia y el lago, el espejo donde veías reflejado tu interior. A partir de ahora, dedícate a hacer el bien y a amar a tus semejantes y, cuando quieras hablar conmigo, tan sólo tendrás que escuchar la voz de tu corazón.

Perdonar, es tu desafío y es mi desafío. Y ha sido el desafío de los seres humanos a través del tiempo.
Uno de los escritores del Nuevo Testamento registra la pregunta que al respecto le hiciera Pedro a Jesús .

“Luego Pedro se le acercó y preguntó: —Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a alguien que peca contra mí? ¿Siete veces?” “—No siete veces —respondió Jesús—, sino setenta veces siete.” ‭‭
(Mateo‬ ‭18:21-22‬ ‭NTV‬‬)

Elena de White hace el siguiente comentario acerca de este episodio: "Los rabinos limitaban a tres las ofensas perdonables. Pedro, creyendo cumplir la enseñanza de Cristo, pensó extenderlas a siete, el número que significa la perfección. Pero Cristo enseñó que nunca debemos cansarnos de perdonar. No “hasta siete—dijo él—, mas aun hasta setenta veces siete”. ({PVGM 190)
Quieres aliviar tus cargas físicas? Perdona. Quieres una vida espiritual saludable? Perdona. Quieres vivir con una conciencia sosegada? Perdona. Quieres curarte de las heridas a causa de las cosas que te han hecho? Perdona. Quieres curar la amargura de tu corazón? Perdona. Quieres olvidar la actitud de indiferencia, sospecha o desconfianza de los otros hacia ti? Perdona.

“Mas si no perdonareis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. (Mateo 6:15)
En la oración que Jesús enseñó a sus discípulos, dijo: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. (Mateo 6:12)

Elena de White hace el siguiente comentario acerca de este episodio: "Los rabinos limitaban a tres las ofensas perdonables. Pedro, creyendo cumplir la enseñanza de Cristo, pensó extenderlas a siete, el número que significa la perfección. Pero Cristo enseñó que nunca debemos cansarnos de perdonar. No “hasta siete—dijo él—, mas aun hasta setenta veces siete”. ({PVGM 190)
Nada puede justificar un espíritu no perdonador. El que no es misericordioso hacia otros, muestra que él mismo no es participante de la gracia perdonadora de Dios. En el perdón de Dios el corazón del que yerra se acerca al gran Corazón de amor infinito. (PVGM 196)

En la parábola de los dos deudores, el rey le dice al que no quiso perdonar :" Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No te convenía también a ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti?” (Mateo 18:32-33)

Que el bálsamo del perdón por la ofensa recibida se manifieste abundantemente hoy en tu vida y traiga sanidad a todas las heridas que a lo largo del tiempo has recibido.

Articulo Pastor Eliseo Bustamante / Una Ventana hacia la Reflexión


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