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Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era deseable a los ojos, y árbol de codicia para entender; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, y comió con ella. (
Génesis 3:6)

Cuenta una fábula de Esopo que un perro que llevaba en la boca un buen trozo de carne se puso a cruzar un río encima de un tronco de árbol cuando se vio reflejado en el agua.

La codicia le llevo a dejar de estar contento con su trozo de carne al ver en el río a otro perro reflejado, que llevaba un trozo de carne en la boca que le parecía más grande y jugoso. Desesperado se lanzó ladrando contra el perro reflejado en el agua que era él mismo, y en la maniobra se quedó sin su trozo de carne.

Quería todo; lo suyo y lo que pensaba que llevaba otro perro en la boca y que incluso creía que era mucho mejor que su propio trozo. No supo valorar su propio premio, su trozo de carne, lo que ya tenía, pensando que debía tener lo suyo y lo del otro.

El mayor valor de esta situación no era tener “todo” sino tener lo suficiente, lo necesario, lo que ya tenía.

Si tienes codicia no te bastará con tener un buen trozo de felicidad, ni tener dos trozos te servirá. Ni tan siquiera tener lo tuyo y lo de tus vecinos. Quieres siempre tener TODO.

Elena de White escribió: "El egoísmo queda vencido y se obra de acuerdo con la mente de Cristo únicamente cuando se reconocen plenamente los motivos cristianos, cuando la conciencia despierta al deber y cuando la luz divina impresiona el corazón y el carácter. El Espíritu Santo, obrando sobre los corazones y los caracteres humanos expulsará toda tendencia hacia la codicia y el proceder engañoso..." {CMC 327.1}

La Biblia registra una terrible y lamentable historia, titulada: "Acab y la viña de Nabot", fruto de la codicia
Está registrada en el primer libro de los Reyes capítulo 21:1-16.

El incidente nos habla de una viña que estaba cerca del palacio del rey, propiedad de un hombre de nombre Nabot.

Acab, quien era el rey de Israel, le dijo a Nabot: "Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está junto a mi casa. Te daré por ella una viña mejor. O si prefieres, te pagaré su valor en dinero".
Nabot le dijo que no podía darle la herencia que le habían dejado sus padres.

Acab volvió a su casa triste y enojado, porque Nabot no quiso darle la herencia de sus padres. Y se acostó, volvió su rostro y no comió.
Su esposa Jezabel le pregunto: "Por qué estás tan triste y no comes?" Porque hable con Nabot, le dije que me vendiera su viña y el respondió: "No te daré mi viña"

Su esposa le dijo: "Yo te daré la viña de Nabot de Jezreel"

Este afán excesivo de riquezas como pareja, llevo a la esposa de Acab a concebir un plan macabro de asesinato premeditado en contra de Nabot el dueño de la viña apetecida.

Una vez quitado el impedimento, se le entregaría el juguete codiciado al niño malcriado de nombre Acab.

Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y había muerto, dijo a Acab: "Levántate, y posee la viña que Nabot de Jezreel no te quiso vender, porque Nabot no vive, sino que está muerto" y Acab se levantó y descendió para tomar posesión de la viña de Nabot.

Similar a la historia de Acab y Nabot, para lograr un objetivo, algunos manipularán las circunstancias porque han perdido la fe en la capacidad que tiene el Señor de saber qué es lo mejor, y de darlo.

Esa actitud indica un rechazo de la soberanía de Dios. Entonces el temor se convierte en un problema, ya que la persona persigue cada vez más con intensidad el objeto de su deseo.

Pero, Qué es la codicia? Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, “la codicia es el afán excesivo de riquezas”. Según un diccionario de Teología: Es un deseo desmedido.

“En un sentido general significa todo deseo desordenado por posesiones mundanas tales como honores, poder, fama, riqueza etc. En un sentido más restringido es un deseo de aumentar lo de uno apropiándose de lo que pertenece a otros”.

La codicia es el más feo y detestable de los pecados, porque se alimenta de su propio apetito y nunca se sacia, y su rapacidad aumenta consigo misma. (Taylor Caldwell)

La codicia siempre desea más. Independientemente de lo mucho o poco que se posea. El yo de la codicia nunca está satisfecho, piensa que merece y puede tener más.

El egoísmo es el impulso humano más poderoso y más generalizado, y debido a esto la lucha del alma entre la simpatía y la codicia constituye una prueba desigual; porque mientras el egoísmo es la pasión más fuerte, el amor y la benevolencia son con mucha frecuencia los sentimientos más débiles, y por regla general el maligno gana la victoria. {CMC 28.1}

Se nos ha preguntado- dice Elena de White -por qué existe tan poco poder en las iglesias, por qué tienen tan poca eficiencia nuestros ministros. La respuesta es que los hombres no andan con Dios sino que se apartan de Jesús, y como resultado vemos cómo en la iglesia hay egoísmo, codicia, orgullo, contiendas, contención, dureza de corazón, licencia, y malas prácticas. Aun entre los que predican la Palabra sagrada de Dios, se observa esta situación lamentable, y a menos que haya una reforma cabal entre los que carecen de santidad, sería mejor que tales hombres abandonaran el ministerio y eligieran alguna otra ocupación donde sus pensamientos irregenerados no traigan el desastre al pueblo de Dios. – {TM 162.1}

El afán, el deseo, la avidez, la ambición, el anhelo, el ansia, son sinónimos de codicia que a menos que se refrenen por la gracia de Dios nos causarán un gran desastre.

Articulo Pastor Eliseo Bustamante / Una Ventana hacia la Reflexión


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