Queremos pagar el precio?

Queremos pagar el precio?

Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente. No temas ni desmayes, porque el Eterno tu Dios estará contigo donde quiera que vayas”. Josué 1:9

Es interesante la actitud que asumimos los seres humanos frente a los anhelos de ver en nuestra vida grandes resultados, pero acerca de los cuales muy pocos están dispuestos a pagar el precio.

La Biblia registra la historia de un hombre que se hizo célebre por las hazañas que realizó, su nombre fue David, y la experiencia a la que quiero referirme se halla registrada en el primer libro de Samuel capítulo 16.

El Rey de Israel en ese pasaje de la historia es Saul, personaje que había perdido la simpatía y el favor del Señor, razón por la que el Señor envió al profeta Samuel a ungir a David cómo reemplazo del rey Saul.

Cómo te das cuenta, Israel tenia rey. Eso quiere decir que la promesa hecha a David tenía que esperar. Se seguiría un proceso, no sería al instante. Estaría dispuesto David a pagar el precio de la espera?

El relato nos cuenta que El profeta Samuel llega a casa de Isaí, padre de David, y frente a él modelan los hijos, del mayor al menor, excepto David, quien se hallaba pastoreando las ovejas, pero al que por pedido del profeta se le hace venir.

Esto quiere decir que David no estaba en la lista de los elegibles, ni para su padre, ni para sus hermanos, ni para el profeta, pero si para Dios, quien le dijo a Samuel: “No juzgues por su apariencia o por su estatura, porque yo lo he rechazado. El SEÑOR no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el SEÑOR mira el corazón” 1 Samuel 16:7 (Nueva Traducción Viviente).

Efectivamente David fue el elegido. Es ungido por Samuel, sin embargo para que llegara a ser coronado como rey tendrían que pasar más de 15 años. Estaría dispuesto a pagar el precio de la espera? Su ungimiento abría un capítulo de persecución y amenaza de muerte, viviendo en cuevas oscuras y seguido por personas endeudadas, problemáticas, desesperadas, ambiente para el que no había sido escogido. Ante este estado de cosas, estaba dispuesto a pagar el precio?

La respuesta es si, David, estuvo dispuesto a pagar el precio, y lo hizo porque aprendió a depender de Dios, y lo consignó en las grandes oraciones que escribió. Pues en todos los años que pasaron antes que fuera proclamado rey, vemos a un David leal y confiado en que Dios cumpliría.

Pensar en el precio que David estuvo dispuesto a pagar para llegar al cargo al que Dios lo llamaba, es motivante, estimulante, inspirador, alentador para quienes vivimos en un tiempo cuando las mieles del poder están a la orden del día. Con la gran diferencia que, hoy se quiere llegar sin ser llamado y por ende llegar por el camino fácil que no requiere resistencia.

El registro Bíblico dice: “Así murió Saúl en aquel día, junto con sus tres hijos, su escudero y todos sus hombres”. 1.Samuel 31:6.

“Entonces vinieron los varones de Judá, y ungieron a David por rey sobre la casa de Judá. Y le avisaron que los de Jabes de Galaad habían sepultado a Saúl”. 2.Samuel 2:4.

Valió la pena la espera, valió la pena pagar el precio de lo que se le había prometido. David, nunca dijo: yo quería pero…pues así solo piensa quien no quiere pagar el precio de sus sueños. Y David quería pagar lo que fuera por lograrlo, y lo logró.

Estás listo cómo lo estuvo David a pagar el precio de tus sueños? De tus propósitos? De tus deseos? De tu determinación? De tu empeño?

Si esa es tu decisión, el Señor te dice lo que le dijo a Josué: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente. No temas ni desmayes, porque el Eterno tu Dios estará contigo donde quiera que vayas”. Josué 1:9

Cristo estuvo listo a pagar el precio de nuestra redención. “Qué asombroso amor fué el que trajo al Hijo de Dios a la tierra para que fuese hecho pecado por nosotros a fin de que pudiésemos ser reconciliados con Dios y elevados a vivir con él en sus mansiones de gloria! ¡Oh, qué es el hombre para que se hubiese de pagar un precio tal por su redención!”– {1JT 228.2}

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Pastor de la Iglesia Adventista.

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